Ya lo hablábamos en la semana, el comportamiento irracional de los jugadores es una seria amenaza que los puede dejar fuera del próximo mundial o expulsarlos de sus equipos durante esta cita deportiva.
Casos como el del defensa croata Simunic, quien se quedó fuera del Mundial por un gesto fascista, o los de Nicolás Anelka quien fue expulsado durante Sudáfrica 2010 por insultar a su técnico, o Stefan Effenberg o Faustino Asprilla, que también fueron echados por reclamos e insultos a sus técnicos durante la Copa del Mundo de Estados Unidos, demuestran lo peligroso que puede llegar a ser actuar impulsivamente.
Lo mismo sucede con el comportamiento de los entrenadores pero en peor medida, ya que con éstos dañan más la imagen de un equipo y, por supuesto, la de un país, logrando un efecto bumerang que puede llegar a dejar heridas profundas.
La imagen de un líder influye en el comportamiento de sus jugadores, siempre acaba contagiando de su mismo espíritu a su equipo; las actitudes y conductas se multiplican y se reproducen en los jugadores llevándolas a diferentes escenarios como la portería, la defensa, la media cancha o la delantera.
Miguel Herrera se ha empeñado en comunicar una imagen espontánea, con múltiples cambios en su personalidad, ya que por momentos lo vemos caminando sigilosamente en la banca y en segundos lo vemos festejando eufórico un gol. De repente dialoga de manera tranquila con el árbitro y luego le hace un corte de manga, y en momentos se percibe amigo de la prensa y posteriormente se transforma en un crítico que cuestiona su labor.
El Piojo tiene tantas fortalezas como áreas de oportunidad, es necesario estar consciente de los riesgos que pueden llegar a tener las actitudes buenas que lucen como malas y las malas que aparentan ser buenas, en otras palabras, dejar de actuar más con el corazón y menos con la cabeza.
La imagen del entrenador de la Selección Mexicana no puede tener altibajos, debe ser de alto nivel. Es el que demuestra fuerza cuando hay debilidad, es el que refleja valentía cuando hay miedo, es el que demuestra esperanza cuando hay desconfianza y también clase cuando ésta no existe.
Lo mejor siempre es hacer una lista de la imagen que tiene un entrenador versus la imagen que debe tener. Más allá de lo romántico que pueda resultar esto, es pensar por anticipado en posibles riesgos y amenazas que atenten contra la armonía y reputación de un equipo.
Miguel Herrera busca completar dos próximos ciclos mundialistas como técnico tricolor, pero si sus comportamientos son los mismos, ni siquiera los buenos resultados podrán salvarlo.
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